Bueno, esta historia por fin está acabada. Me ha costado bastante y estuve a punto de abandonarla, como bien sabéis. Quería dar las gracias a todos los que impidieron que lo hiciera, que me dieron ánimos: o sea a mis seguidores.
También quería darle las gracias a Gerard C.R. por darme su opinión y consejos sobre el último capítulo (te dije que lo pondría así que lo he puesto, jeje).
Espero que os haya gustado la nove, ahora la estoy editando, quien quiera leerla cuando la edite que me lo diga y se la mandaré por e-mail :D
Ahora empezaré aquí una novela nueva, se llamará Susurros en el Viento.
Nos vemos!
Besos azucarados,
Lune*
viernes, 9 de diciembre de 2011
lunes, 5 de diciembre de 2011
Epílogo
-Nossa, nossa, assim você me mata; ai se eu te pego, ai ai se eu te pego. Delícia, delícia, assim você me mata; ai se eu te pego, ai ai se eu te pego.
Los dulces ojitos verdes de Erik se cerraron, agotados. Dejé de cantar y le tapé bien con la mantita, era invierno y hacía frío. Observé en silencio su descanso, con una sonrisa nostálgica en los labios.
-Gath, a cenar - llamó mi madre con suavidad desde las escaleras.
Bajé con un suspiro y me senté a la mesa frente a mi madre. Miré el plato de sopa con garbanzos. Odio los garbanzos. Me obligué a mi misma a tomar un par de sorbos, pero después di vueltas a la sopa con mi cuchara hasta que quedó fría como un témpano.
-Ya no puedes tomarte esa sopa.
-Lo sé.
Me levanté de la mesa, cansada, y le dediqué una leve sonrisa. Me metí en mi habitación, dejando atrás a mi madre, que levantaba con un suspiro por enésima vez el plato, casi intacto. Comía lo necesario para seguir viva. No me preocupaba la alimentación de Erik, pues le dábamos leche de esa en polvo. Me metí en la cama sin ponerme el pijama y me puse los auriculares de mi fiel iPod, lo encendí y busqué con el dedo la canción que llevaba escuchando noche tras noche desde ese día fatal.
Los dulces ojitos verdes de Erik se cerraron, agotados. Dejé de cantar y le tapé bien con la mantita, era invierno y hacía frío. Observé en silencio su descanso, con una sonrisa nostálgica en los labios.
-Gath, a cenar - llamó mi madre con suavidad desde las escaleras.
Bajé con un suspiro y me senté a la mesa frente a mi madre. Miré el plato de sopa con garbanzos. Odio los garbanzos. Me obligué a mi misma a tomar un par de sorbos, pero después di vueltas a la sopa con mi cuchara hasta que quedó fría como un témpano.
-Ya no puedes tomarte esa sopa.
-Lo sé.
Me levanté de la mesa, cansada, y le dediqué una leve sonrisa. Me metí en mi habitación, dejando atrás a mi madre, que levantaba con un suspiro por enésima vez el plato, casi intacto. Comía lo necesario para seguir viva. No me preocupaba la alimentación de Erik, pues le dábamos leche de esa en polvo. Me metí en la cama sin ponerme el pijama y me puse los auriculares de mi fiel iPod, lo encendí y busqué con el dedo la canción que llevaba escuchando noche tras noche desde ese día fatal.
I'm so tired of being here
surprised by all my childish fears
And if you have to leave
I wish that you just leave
'Cause your presence is still here
and it won't leave me alone
This won't seam to heal
This pain is just too real
There's just too much the time cannot erase...
Me levanté, cansada de esa triste realidad que, día tras día, me perseguía. Amaba a mi hijo, pero la imagen de su padre me atormentaba cada vez que le miraba a los ojos. Me puse un jersey grueso y me acerqué a la cunita. Le besé la frente con suavidad, para no despertarle.
-Te amo - susurré en la oscuridad.
Dejé la habitación y tomé las llaves del coche de la mesita del pasillo, una libreta y un boli. Me senté en el comedor y escribí unas breves líneas que dejé en la mesada de la cocina. Subí al coche y salí disparada hacia una dirección aleatoria.
Me sorprendí a mi misma dirigiéndome a la montaña. Entonces una idea cruzó mi cabeza, y aceleré a 180 km/h, sabiendo que no iba a encontrarme ningún policía. Girando las curvas a toda velocidad, calculaba cuantas quedaban hasta la más peligrosa, la más cerrada.
5 curvas. 3. 1.
Apreté con más fuerza el acelerador y solté al volante. Pude esbozar una sonrisa de tranquilidad absoluta, antes de caer al vacío.
Lejos de allí, sobre la mesada fría, la nota descansaba esperando ser leída.
Siento lo del coche. Cuida a Erik, por favor.
Te amo.
A.
------------------------------------
Y aquí acaba, sí señor. Siento la tardanza, espero que os guste el epílogo.
Besos azucarados... Lu*
jueves, 10 de noviembre de 2011
Capítulo último (16)
-Bueno, Gath, has hecho muchos progresos últimamente. Te veo muy feliz.
-Sí. Todo empieza a ir bien. He encontrado trabajo.
-¿En serio? Qué bien, Gathy, ¿conseguiste ese papel en Chicago?
-Sí - reí -. El embarazo va muy bien, la semana que viene tengo cita en el ginecólogo.
-¿Y qué tal te va con tu madre? ¿Has hablado más con ella?
-Bueno, no mucho... Sigue tan fría como la útlima vez. Desde que salimos del hospital ya no es la misma. A penas come, y cuando le dije que estoy embarazada a penas reaccionó. Soltó un "ah" y se fue de la habitación.
-Piensa que para tu madre ha sido muy difícil.
-Lo sé.
Bajé la mirada, y noté las lágrimas asomándose a mis ojos. Me las sequé con la manga antes de que brotaran.
-No te reprimas. Si quieres llorar, llora.
-Está bien.
Sonrió. Miré por la ventana para relajarme. Entonces lo vi. Lo vi. Lo vi y no pude dar crédito. No podía, no quería creerlo.
El doctor Melson siguió la dirección de mi mirada. Se giró, y el también lo vio.
-Oh, qué hijo de puta - soltó.
Las lágrimas contenidas empezaron a brotar. Un torrente salado que corría por mis mejillas. Cerré los ojos, intentando borrar la imagen de mi mente. Pero permanecía, viva en mi mente. Mark. Mark. Mark, en la calle. Mark, con una chica. Mark, besándola.
En esa fracción de segundo pude notar esa... esa pasión que los desbordaba. Los sentimientos que fluían en ese beso, todo el amor que había contenido en esa dulce y dolorosa danza. Y conseguí darme cuenta, sin necesitar otra ojeada, que yo ya no era nada. Si alguna vez lo fui, ya no era así. Y me sentí muerta por dentro. Muerta, de nuevo.
Abrí los ojos, horrorizada. A penas vi al doctor Melson salir disparado por la puerta, y ni siquiera me fijé en él, a través de la ventana, gritándole a Mark.
Sólo volvi a tener consciencia de mi alrededor cuando entró, agitado, y se sentó enfrente de mí. Sin saber qué decir, con la mirada desorbitada.
-No lo puedo creer - murmuró - Que hijo de puta.
Me levanté, temblando.
-Debería irme a casa - dije con la voz quebrada.
-Te llevo.
No reaccioné. Simplemente caminé hacia mi coche. Me senté en el asiento del acompañante y cerré los ojos, repentinamente agotada.
-Por favor llévame a casa de mi madre... - solté un suspiro en cuanto el doctor se sentó.
Asintió, y encendió el coche. Me quedé dormida entre ríos de lágrimas.
Desperté en la cama de mi madre, deducí que había sido el doctor, que me llevó allí. Me levanté y conseguí arrastrarme hasta la cocina.
-Ágatha - dijo mi madre al verme -, ¿estás bien?
Me encogí de hombros. Se acercó y me abrazó, por primera vez en mucho, muchísimo tiempo.
-¿Qué voy a hacer con el bebé, mamá? - pregunté, desesperada.
-Lo vamos a cuidar, cariño - dijo entre sollozos - Las dos juntas, ¿vale?
Asentí. Entonces me pregunté por qué, por qué todo este sufrimiento. ¿Por qué, papá?
Volví a sentir esa desesperante necesidad de morir, esa silenciosa petición de mi adolorido corazón de dejar de sufrir, de dejar de sentir. La tentación era grande. Tan fácil, podría ser tan fácil...
No cometería el error de la última vez. Sería mucho más fácil. Simplemente abrir el gas, y dejar que me durmiera en un letal sueño. Sí, esa idea era atractiva. Pero entonces noté un tirón, un leve tirón hacia la vida: mi bebé. Él merecía vivir.
Sí, la muerte podía esperar. Porque si la muerte tiene alguna virtud, es la paciencia.
-Sí. Todo empieza a ir bien. He encontrado trabajo.
-¿En serio? Qué bien, Gathy, ¿conseguiste ese papel en Chicago?
-Sí - reí -. El embarazo va muy bien, la semana que viene tengo cita en el ginecólogo.
-¿Y qué tal te va con tu madre? ¿Has hablado más con ella?
-Bueno, no mucho... Sigue tan fría como la útlima vez. Desde que salimos del hospital ya no es la misma. A penas come, y cuando le dije que estoy embarazada a penas reaccionó. Soltó un "ah" y se fue de la habitación.
-Piensa que para tu madre ha sido muy difícil.
-Lo sé.
Bajé la mirada, y noté las lágrimas asomándose a mis ojos. Me las sequé con la manga antes de que brotaran.
-No te reprimas. Si quieres llorar, llora.
-Está bien.
Sonrió. Miré por la ventana para relajarme. Entonces lo vi. Lo vi. Lo vi y no pude dar crédito. No podía, no quería creerlo.
El doctor Melson siguió la dirección de mi mirada. Se giró, y el también lo vio.
-Oh, qué hijo de puta - soltó.
Las lágrimas contenidas empezaron a brotar. Un torrente salado que corría por mis mejillas. Cerré los ojos, intentando borrar la imagen de mi mente. Pero permanecía, viva en mi mente. Mark. Mark. Mark, en la calle. Mark, con una chica. Mark, besándola.
En esa fracción de segundo pude notar esa... esa pasión que los desbordaba. Los sentimientos que fluían en ese beso, todo el amor que había contenido en esa dulce y dolorosa danza. Y conseguí darme cuenta, sin necesitar otra ojeada, que yo ya no era nada. Si alguna vez lo fui, ya no era así. Y me sentí muerta por dentro. Muerta, de nuevo.
Abrí los ojos, horrorizada. A penas vi al doctor Melson salir disparado por la puerta, y ni siquiera me fijé en él, a través de la ventana, gritándole a Mark.
Sólo volvi a tener consciencia de mi alrededor cuando entró, agitado, y se sentó enfrente de mí. Sin saber qué decir, con la mirada desorbitada.
-No lo puedo creer - murmuró - Que hijo de puta.
Me levanté, temblando.
-Debería irme a casa - dije con la voz quebrada.
-Te llevo.
No reaccioné. Simplemente caminé hacia mi coche. Me senté en el asiento del acompañante y cerré los ojos, repentinamente agotada.
-Por favor llévame a casa de mi madre... - solté un suspiro en cuanto el doctor se sentó.
Asintió, y encendió el coche. Me quedé dormida entre ríos de lágrimas.
Desperté en la cama de mi madre, deducí que había sido el doctor, que me llevó allí. Me levanté y conseguí arrastrarme hasta la cocina.
-Ágatha - dijo mi madre al verme -, ¿estás bien?
Me encogí de hombros. Se acercó y me abrazó, por primera vez en mucho, muchísimo tiempo.
-¿Qué voy a hacer con el bebé, mamá? - pregunté, desesperada.
-Lo vamos a cuidar, cariño - dijo entre sollozos - Las dos juntas, ¿vale?
Asentí. Entonces me pregunté por qué, por qué todo este sufrimiento. ¿Por qué, papá?
Volví a sentir esa desesperante necesidad de morir, esa silenciosa petición de mi adolorido corazón de dejar de sufrir, de dejar de sentir. La tentación era grande. Tan fácil, podría ser tan fácil...
No cometería el error de la última vez. Sería mucho más fácil. Simplemente abrir el gas, y dejar que me durmiera en un letal sueño. Sí, esa idea era atractiva. Pero entonces noté un tirón, un leve tirón hacia la vida: mi bebé. Él merecía vivir.
Sí, la muerte podía esperar. Porque si la muerte tiene alguna virtud, es la paciencia.
lunes, 31 de octubre de 2011
Apéndice último (5) - Mark
Me levanté por la mañana temprano, cansado. Miré a Gathy, que dormía con tranquilidad. Me vestí con lentitud, aún dormido. Bajé a la cocina y me preparé un café. Lo terminé de un trago, y miré la hora. Las 6:12, tenía tiempo de un afeitado rápido.
Dicho y hecho, me afeité, me lavé los dientes y me puse un poco de colonia, y a las 6:45 ya había salido con la moto.
Llegué a la Universidad con tiempo, entré a la clase y me senté con tranquilidad. Faltaba más de media hora para que empezaran la clase y no había nadie. Entonces oí pasos detrás de mí. Me giré lentamente y vi a una chica rubia, de ojos castaños.
Se acercó y se sentó a mi lado. Me miró a los ojos y sonrió.
-¿Me recuerdas? - preguntó
Sonreí. Claro que sí.
-Te recuerdo.
Entonces se acercó, me acarició el pelo y me besó con pasión. No dudé en seguirle el beso, recordaba perfectamente el sabor de su aliento, que me llenó por dentro. La apreté contra mi, la quería cerca. Sus manos suaves se deslizaron hasta mi pantalón, y me lo bajó. La imité y la subí sobre mi regazo.
Dicho y hecho, me afeité, me lavé los dientes y me puse un poco de colonia, y a las 6:45 ya había salido con la moto.
Llegué a la Universidad con tiempo, entré a la clase y me senté con tranquilidad. Faltaba más de media hora para que empezaran la clase y no había nadie. Entonces oí pasos detrás de mí. Me giré lentamente y vi a una chica rubia, de ojos castaños.
![]() |
| Ella |
Se acercó y se sentó a mi lado. Me miró a los ojos y sonrió.
-¿Me recuerdas? - preguntó
Sonreí. Claro que sí.
-Te recuerdo.
Entonces se acercó, me acarició el pelo y me besó con pasión. No dudé en seguirle el beso, recordaba perfectamente el sabor de su aliento, que me llenó por dentro. La apreté contra mi, la quería cerca. Sus manos suaves se deslizaron hasta mi pantalón, y me lo bajó. La imité y la subí sobre mi regazo.
***
Salimos riendo de la clase, con el pelo alborotado y pasión a flor de piel. Nos subimos a la moto y me dirigí al sur, al mar. Fuimos a una cala escondida, que pocos conocen, y nos bañamos desnudos en el mar. Nos acostamos en la arena e hicimos el amor, otra vez.
***
Llegué a casa y dejé la bolsa en el estudio. Fui directo a la ducha, a limpiarme la sal y la arena. Miré la hora, las 7:30. Supuse que Ágatha no tardaría en llegar. Me sorprendí al no sentirme culpable de nada. Lo mío con Marie fue tan natural como respirar. Sonreí, en realidad sólo había cumplido una promesa hecha hace mucho tiempo.
Me senté en el ordenador y abrí el Pet Society, en el Facebook.
No me di cuenta, que Gath ya había llegado. Me besó en la frente, y me contó su día. La miré con cariño.
martes, 18 de octubre de 2011
Capítulo penúltimo (15)
2 años después
Close you eyes, and I'll kiss you
tomorrow I'll miss you
Remember I'll always be true...
And then while I'm away
I'll write some every day
And I'll send all my loving to you
Apagué el reproductor de música y saqué la cassette.
-¿Qué te ha parecido?
-Bueno... tienes una voz maravillosa, Ágatha - dijo Lucas, el director del Teatro - Nos gustaría contar contigo, pero primero haremos una prueba para ver si tu voz combina con la de Kenneth.
-¿Ahora mismo?
-No, él está muy ocupado.
-Ah.
-¿Te va bien el miércoles a las 17:30?
-Emm... No.
-¿Puedo saber por qué?
-Tengo que... ir al ginecólogo - mentí con velocidad.
Seguro que colaba, pues el bulto de mi barriguita empezaba a ser ya perceptible. Me acaricié la panza con amor. Y no iba a decirle que iba a ir al psicólogo, pues aún seguía con el maldito tratamiento.
-Ah, claro. Estás embarazada.
-¿Complica algo eso?
-Depende. ¿De cuánto estás?
-De dos meses.
-Entonces no. Te contrataremos por los próximos 5 meses, y entonces ya te daremos la baja de maternidad, y otra actriz te sustituirá hasta que vuelvas.
-Perfecto entonces.
Sonreí, satisfecha con el trato. Verdaderamente, era lo menos esperado. Madre a los 19. Pero por fin, por fin cumpliría con mi sueño, por fin sería actriz, y nada más y nada menos que en mi musical favorito, Chicago. Kenneth Jones era famosísimo, un actor y cantante de éxito, y ella iba a cantar a su lado... si sus voces "combinaban". Pero en el fondo ya sabía que tenía el papel.
Me despedí de Lucas y me puse mi abrigo y los guantes. Salí a la fría calle, y el viento helado de Enero me golpeó en plena cara. Me apresuré a llegar al auto y conducí con calma hasta casa.
Abrí la puerta con un suspiro de cansancio, y dejé las cosas sobre la mesita de la entrada.
-¡Ya estoy en casa! - chillé.
Cogí el teléfono y llamé a Tomás, mi primo. Él siempre había sido mi mejor amigo, mi más gran confidente. Contestó después de dos tonos, y me saludó con un grito, dejándome sorda.
-¡HOLA PRIMA!
-Ems, Tomi, gracias, jajaja - reí - Hola, ¿sabes qué? Me van a dar el papel.
-¡¿En serio?!
-Sí, sí, pero no chilles, que me matas. Bueno, dicen que "tengo que hacer una prueba para ver si nuestras voces combinan", pero estoy segura de que los tengo en el bote.
-Genial. Oye, ha llegado un cliente, más tarde te llamo.
-Claro, un beso.
Dejé mi abrigo y subí al estudio. Ahí estaba, inclinado con la espalda torcida frente el ordenador, Mark. Le di un beso en la cabeza y le di la buena noticia. Tenía el papel. Qué contenta estaba. Todo, por fin, iba bien de nuevo.
Al final, habia empezado a salir con Mark, que tanto me hizo sufrir. Ahora era feliz. Lilli salía con Tomás, y Carlos me habia dado por perdida y empezado a salir con una chica adorable, Miranda.-¿Ahora mismo?
-No, él está muy ocupado.
-Ah.
-¿Te va bien el miércoles a las 17:30?
-Emm... No.
-¿Puedo saber por qué?
-Tengo que... ir al ginecólogo - mentí con velocidad.
Seguro que colaba, pues el bulto de mi barriguita empezaba a ser ya perceptible. Me acaricié la panza con amor. Y no iba a decirle que iba a ir al psicólogo, pues aún seguía con el maldito tratamiento.
-Ah, claro. Estás embarazada.
-¿Complica algo eso?
-Depende. ¿De cuánto estás?
-De dos meses.
-Entonces no. Te contrataremos por los próximos 5 meses, y entonces ya te daremos la baja de maternidad, y otra actriz te sustituirá hasta que vuelvas.
-Perfecto entonces.
Sonreí, satisfecha con el trato. Verdaderamente, era lo menos esperado. Madre a los 19. Pero por fin, por fin cumpliría con mi sueño, por fin sería actriz, y nada más y nada menos que en mi musical favorito, Chicago. Kenneth Jones era famosísimo, un actor y cantante de éxito, y ella iba a cantar a su lado... si sus voces "combinaban". Pero en el fondo ya sabía que tenía el papel.
Me despedí de Lucas y me puse mi abrigo y los guantes. Salí a la fría calle, y el viento helado de Enero me golpeó en plena cara. Me apresuré a llegar al auto y conducí con calma hasta casa.
Abrí la puerta con un suspiro de cansancio, y dejé las cosas sobre la mesita de la entrada.
-¡Ya estoy en casa! - chillé.
Cogí el teléfono y llamé a Tomás, mi primo. Él siempre había sido mi mejor amigo, mi más gran confidente. Contestó después de dos tonos, y me saludó con un grito, dejándome sorda.
-¡HOLA PRIMA!
-Ems, Tomi, gracias, jajaja - reí - Hola, ¿sabes qué? Me van a dar el papel.
-¡¿En serio?!
-Sí, sí, pero no chilles, que me matas. Bueno, dicen que "tengo que hacer una prueba para ver si nuestras voces combinan", pero estoy segura de que los tengo en el bote.
-Genial. Oye, ha llegado un cliente, más tarde te llamo.
-Claro, un beso.
Dejé mi abrigo y subí al estudio. Ahí estaba, inclinado con la espalda torcida frente el ordenador, Mark. Le di un beso en la cabeza y le di la buena noticia. Tenía el papel. Qué contenta estaba. Todo, por fin, iba bien de nuevo.
Me sonrió, cerró su facebook (estaba viciado al Pet Society) y fuimos abajo.
Saqué la sartén y me dispuse a cocinar, pero me paró.
-Siéntate, hoy cocino yo. Debes estar cansada.
Sonreí y le besé. Me serví una cerveza y me senté. Al verle pelar las papas a un mílimetro por hora, me desesperé.
-Déjame a mí, yo pelo, tú cortas.
En quince minutos las patatas ya estaban friéndose, al igual que unas deliciosas hamburguesas caseras, preparadas con mucho amor por Lilli.
Nos sentamos a comer tranquilamente, y nos dispusimos a contarnos nuestro día.
-¿Qué tal en la Universidad? - pregunté
-Bueno, fue bien, tranquilo pero poco interesante. Cuéntame tu día.
-Emm... Hoy no tuve muchas náuseas a la mañana, así que me levanté y limpié un poco, como puedes observar.
-Jaja sí, me di cuenta.
-Después fui a ayudar a Lilli a estudiar y a la tarde a la entrevista.
-Estuvo bien, entonces.
-Sí, supongo.
---------------------------
Querid@s, se acerca el final!
lunes, 25 de julio de 2011
Apéndice cuarto - Lilli
Aclaro para los que malinterpretaron el apéndice anterior: Lilli está viva, la que lo cuenta es ella. Un beso, Lune*
_________________________
-Todavía no ha acabado - le recuerdo - Todavía no ha muerto.
_________________________
-Todavía no ha acabado - le recuerdo - Todavía no ha muerto.
-Por favor Lilli, no finjas que no te das cuenta. Si vive es por todas esas putas máquinas que lleva en el cuerpo. Esas mierdas que la hacen respirar, porque el ataque de asma fue demasiado fuerte. ¿Te parece que eso es vivir? Prefiero pensar que está muerta a que viva... así.
Le miro, herida. ¿Cómo puede haber dicho eso? Y de Gath...
Se da cuenta y cierra los ojos con fuerza. Se tapa la cara con las manos y se los presiona con fuerza, agotado. Oigo que reprime un llanto.
-Lo siento mucho - dice, llorando -. No sé cómo vamos a superar esto.
Le cojo la mano.
-No fue tu culpa - le susurro -. No lo fue, Carlos.
Me mira. Está destrozado. No hay nada que me duela más que el dolor que veo en sus propios ojos. Y ahí me doy cuenta.
-Tú... la amas, ¿verdad? - pregunto bajando la mirada.
-Más que a mi propia vida - confiesa con la voz rota por el dolor.
-Y entonces, ¿por qué estás conmigo?
Me mira a los ojos.
-Porque tú me gustas, Lilli...
-No me basta.
-Lilli...
-No me basta, Carlos - le miro, y me sorprendo al no sentir nada - Ahora tenemos que ir al hospital.
Me levanto y me alejo de él. Me acerco al teléfono y llamo a la compañía de taxis.
Se da cuenta y cierra los ojos con fuerza. Se tapa la cara con las manos y se los presiona con fuerza, agotado. Oigo que reprime un llanto.
-Lo siento mucho - dice, llorando -. No sé cómo vamos a superar esto.
Le cojo la mano.
-No fue tu culpa - le susurro -. No lo fue, Carlos.
Me mira. Está destrozado. No hay nada que me duela más que el dolor que veo en sus propios ojos. Y ahí me doy cuenta.
-Tú... la amas, ¿verdad? - pregunto bajando la mirada.
-Más que a mi propia vida - confiesa con la voz rota por el dolor.
-Y entonces, ¿por qué estás conmigo?
Me mira a los ojos.
-Porque tú me gustas, Lilli...
-No me basta.
-Lilli...
-No me basta, Carlos - le miro, y me sorprendo al no sentir nada - Ahora tenemos que ir al hospital.
Me levanto y me alejo de él. Me acerco al teléfono y llamo a la compañía de taxis.
***
Silencio. Ese horroroso ruido que es el silencio. No hay ni un solo sonido en los pasillos del hospital.
Pasan las habitaciones. 112, 113, 114.
La 115. Entramos sin llamar, y oigo el sonido de la respiración forzada de Gath. La miro. Un tubo sale de su cuello, y hay un suero goteando a su brazo.
Está despierta.
Nos sigue con la mirada mientras nos acercamos y la cojo de la mano. Intenta decir algo, pero no lo consigo. Recuerdo lo que dijo el médico, y meto un dedo en ese tubo.
-Li...lli... - dice - Lo...sien...to...
-Shht, tranquila - las lágrimas empiezan a rodar por mis mejillas -. Todo va a salir bien. Te vas a poner bien.
Saco el dedo del tubo y me aprieta la mano con debilidad, febrilmente.
Pasan las habitaciones. 112, 113, 114.
La 115. Entramos sin llamar, y oigo el sonido de la respiración forzada de Gath. La miro. Un tubo sale de su cuello, y hay un suero goteando a su brazo.
Está despierta.
Nos sigue con la mirada mientras nos acercamos y la cojo de la mano. Intenta decir algo, pero no lo consigo. Recuerdo lo que dijo el médico, y meto un dedo en ese tubo.
-Li...lli... - dice - Lo...sien...to...
-Shht, tranquila - las lágrimas empiezan a rodar por mis mejillas -. Todo va a salir bien. Te vas a poner bien.
Saco el dedo del tubo y me aprieta la mano con debilidad, febrilmente.
domingo, 24 de julio de 2011
Apéndice tercero - Lilli
Meses después
-Todo ha cambiado.
Asentí.
-¿Cómo estábamos viviendo nuestra vida? - preguntó - ¿Cómo la dejamos escapar? No nos dimos cuenta... se escurría entre nuestros dedos.
-Estábamos ciegos - respondí -. Ciegos en nuestra propia felicidad que no supimos ver lo que ocurría a nuestro alrededor. Ella... ella siempre fue una genial actriz. Consiguió engañarnos, con esa alegría... ¿Cómo no pudimos darnos cuenta?
-Ella era... tan especial...
-Única. Era única - le corregí -. Y... tú nunca pudiste oírla cantar, Carlos. Era... era impresionante. Rasgaba la guitarra con tanto amor que... dios, no hay manera de describirlo - reprimí un sollozo; no era momento de sucumbir -. No puede haber terminado todo así, de esa manera.
-Fue culpa mía.
-Eso no es verdad.
-¡Sabes que lo es! - me gritó, desesperado - ¡Sabes que fue culpa mía! No lo admitirás nunca, pero tú también me culpas. ¡Todos lo hacen! Y lo peor es que tienen razón. Yo la maté, Lilli, fui yo y sólo yo.
Le giré la cara de una bofetada. Fuerte, precisa.
-No digas eso. Nunca vuelvas a decirlo.
Me miró con los ojos llenos de lágrimas y, en ese instante, me pregunté cómo saldríamos de esta. Era algo que... nos superaba.
-Todo ha cambiado.
Asentí.
-¿Cómo estábamos viviendo nuestra vida? - preguntó - ¿Cómo la dejamos escapar? No nos dimos cuenta... se escurría entre nuestros dedos.
-Estábamos ciegos - respondí -. Ciegos en nuestra propia felicidad que no supimos ver lo que ocurría a nuestro alrededor. Ella... ella siempre fue una genial actriz. Consiguió engañarnos, con esa alegría... ¿Cómo no pudimos darnos cuenta?
-Ella era... tan especial...
-Única. Era única - le corregí -. Y... tú nunca pudiste oírla cantar, Carlos. Era... era impresionante. Rasgaba la guitarra con tanto amor que... dios, no hay manera de describirlo - reprimí un sollozo; no era momento de sucumbir -. No puede haber terminado todo así, de esa manera.
-Fue culpa mía.
-Eso no es verdad.
-¡Sabes que lo es! - me gritó, desesperado - ¡Sabes que fue culpa mía! No lo admitirás nunca, pero tú también me culpas. ¡Todos lo hacen! Y lo peor es que tienen razón. Yo la maté, Lilli, fui yo y sólo yo.
Le giré la cara de una bofetada. Fuerte, precisa.
-No digas eso. Nunca vuelvas a decirlo.
Me miró con los ojos llenos de lágrimas y, en ese instante, me pregunté cómo saldríamos de esta. Era algo que... nos superaba.
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